Viernes, 10 2026 Abril

Cecar desde el Centro de Orientación Socio Jurídica acompañó a las víctimas del Conflicto Armado

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El 9 de abril, Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, constituye una fecha de profunda reflexión para Colombia. Este día invita a reconocer el dolor, la resistencia y la dignidad de millones de víctimas que han sufrido las consecuencias de la violencia. Más que una conmemoración, es un llamado a la construcción de una memoria colectiva que dignifique las historias de vida, promueva la verdad y fortalezca el compromiso social con la no repetición. Recordar es un acto de justicia; es honrar a quienes han sido silenciados y abrir caminos hacia la reconciliación y la paz.

En el marco de esta importante fecha, el Centro de Orientación Socio Jurídica a Víctimas del Conflicto de Cecar, llevó a cabo tres actividades simultáneamente, concebidas como espacios de memoria y reparación simbólica. En la Institución Educativa La Peñata, se desarrolló el conversatorio “Las historias marcan, las historias sanan”, un espacio fundamentado en la justicia restaurativa, donde se promovió el diálogo, la escucha activa y la resignificación de experiencias vividas.

De manera paralela, en las instalaciones de los centros y consultorios de proyección social, en articulación con la organización Mujeres Tejedoras de la Memoria, se realizó la actividad “Huellas del pasado, senderos de esperanza”, un encuentro que permitió reconstruir memorias desde el tejido colectivo, fortaleciendo los lazos comunitarios y la resiliencia.

Finalmente, en la comunidad de Sierra Flor, bajo la estrategia “Tejiendo esperanza y bienestar”, se desarrolló la actividad “El arte de soltar”, orientada a promover procesos de sanación emocional a través de expresiones simbólicas y creativas, facilitando la liberación de cargas del pasado y la construcción de nuevas perspectivas de vida.

Estos espacios no solo representan actos conmemorativos, sino también escenarios de transformación social, donde la memoria se convierte en una herramienta para sanar, reconstruir y proyectar futuros posibles. Cada historia compartida, cada experiencia resignificada y cada gesto de solidaridad reafirman el compromiso de seguir tejiendo una sociedad más justa, empática y en paz, donde las víctimas no solo sean recordadas, sino también escuchadas, reconocidas y acompañadas en su camino hacia la reparación integral.